Repechos, pinares y jotas: una ruta muy segoviana
“Si los pinares ardieron, aún nos queda el encinar ...”. LUIS
LÓPEZ ÁLVAREZ - Los Comuneros (1977)
Para el segundo 200 del año tenía claro que había llegado el momento de ir metiendo un mayor desnivel a estas kilometradas. Por eso, cuando me puse a planificar la jornada, descarté un par de ideas que me invitaban a rodar mayoritariamente por la meseta castellana y me decanté por un recorrido que alternaba tramos rompepiernas con otras zonas más planas. Además, aposté por dibujar el track por algunos lugares de mi tierra que o bien llevaba tiempo sin visitar o aún no me había dignado a pedalear. Y el resultado me dejó más que satisfecho.
Mi tierra es, por cierto, Segovia. Y como vivo en Madrid
desde hace ya demasiados años y, desgraciadamente, cada vez puedo volver con
menos asiduidad a mis orígenes, esta ruta se convirtió desde el arranque en una
exaltación del terruño…
Tras la foto obligada junto al colosal y simbólico
Acueducto, me pongo en marcha con "cuerpo de jota" y encaro el arranque de una
jornada que en su primera parte me brinda un pestoso tramo asfáltico. Lo suyo
habría sido tirar por caminos hasta Torrecaballeros, pero como ya intuyo que la
zona estará bien cargadita de barro después de las últimas y copiosas lluvias,
decido ganar tiempo y superar esta zona por carretera.
| El Acueducto y Segovia; Segovia y el Acueducto... Tanto monta, monta tanto |
Quizá por ello, porque tengo ganas de pisar tierra, pedaleo
con una cierta ansiedad que se traduce en piernas duras e incomodidad. Además,
el terreno pica claramente hacia arriba y convierte estos 11 kilómetros
iniciales en un inesperado tormento. Afortunadamente, a la salida de la citada
localidad, arrancan los caminos y poco a poco voy recuperando la calma. Además,
por aquí, aún quedan varias zonas con barro y algunas ciénagas que invitan a
prestar atención al pilotaje y olvidarse de la soporífera N-110.
| Un poquito de barro para empezar el día |
Superada la localidad de Santo Domingo de Pirón, donde el
río que le da nombre baja completamente enfurecido, esquivo una última trampa
de lodo y me presento en Pelayos del Arroyo. Desde allí, arranca un sector de "autopistas" que me encanta y que, más o menos en paralelo a la Sierra de
Guadarrama, me dejará casi a las puertas del primer gran objetivo del día, la
localidad de Pedraza.
| Primeras pistas, rumbo a Pelayos del Arroyo |
| Iglesia de San Vicente, Pelayos del Arroyo (Segovia) |
En este tramo, toca superar una dura rampa rectilínea, pero también disfrutar de una vertiginosa bajada y unos llaneos favorables en los que la bici adquiere una gran velocidad que ayuda a levantar la media y, sobre todo, el ánimo.
| Al fondo, el rampón |
| "Autopista" entre La Mata y Requijada |
Tras el exigente ascenso a Pedraza y las pertinentes fotos
en la coqueta villa amurallada, retomo los caminos rumbo a La Matilla. Por
aquí, el barro ya no es problema y lo único que ralentiza el avance es una
sucesión de toboganes que sí, de momento, se me están atragantando más de la
cuenta.
| Plaza Mayor de Pedraza (Segovia) |
| Puerta de acceso a Pedraza, un marco ideal para el paisaje |
Pasado La Matilla, recupero fuerzas en el tramo asfáltico
hasta el Castillo de Castilnovo y encaro otra ración de terreno ondulado… mucho.
De hecho, me sorprende el desnivel que se acumula en varias rampas tanto a la
entrada de Consuegra de Murera como en el sector de carretera bombardeada que
separa esta localidad de Villar de Sobrepeña. Además, en ambos pueblitos, encuentro
sus bares cerrados y me veo obligado a posponer la toma de ese café con leche que
llevó ya tiempo anhelando.
| El Castillo de Castilnovo, una fortaleza privada |
| Al fondo, Consuegra de Murera. Llegan los repechos |
La ingesta de cafeína llegará, finalmente, en Villaseca,
localidad que alcanzo tras otro fuerte y largo tobogán por, eso sí, un entorno fabuloso:
el que ha ido dibujando el río Duratón en su búsqueda del Duero.
| Carreteritas con encanto, de las que gusta pedalear |
Colmado el deseo cafetero, afronto el tramo de ida y vuelta hasta la Ermita de San Frutos. Por el camino, ya constato que el lugar va a resultar de todo menos tranquilo, así que nada más llegar al primer mirador y comprobar que por allí abundan nutridos grupos de turistas que van a complicar el avance en la exigente parte final, decido tirar unas fotos rápidas y darme la vuelta. Aunque hace años que no iba por allí, asumo que hoy no es el día adecuado para recrearse con la visita, ya que algunos andan por ahí tirando piedras al río desde las alturas y me estoy poniendo enfermo…
| Las Hoces del Duratón, un precioso lugar incluso con sabaderos |
| El río Duratón, con sus singulares aguas verdosas |
En el retorno a Villaseca, aún me queda soportar a unos cuantos sabaderos que quieren sacar partido a su todocamino y conducen por la pista como si fuera el Dakar, levantando polvo y pasándose por el forro cualquier tipo de limitación por velocidad… En fin, qué poquita paciencia tengo ya para algunas cosas.
| Sector cronometrado del Dakar... 🙄 |
Por fortuna, es completar el bucle y regresar a la
tranquilidad. Además, al poco, atajo por un camino en un estado
aceptable y con facilidad me presento en Urueñas. En esta recogida localidad,
compro un Aquarius en un bar y dedico los siguientes 10 minutos a degustarlo
junto a uno de los pequeños bocadillos que porto con paciencia en la bolsa. Supero
ya los 92 kilómetros y siento que, poco a poco, el cuerpo se va entonando.
Tras la breve pausa, reemprendo la marcha y enfilo un tramo
por asfalto en el que, en un santiamén, cambiaré la zona de páramo en la que se
encuentra Urueñas por la coqueta vaguada en la que se asienta Carrascal del
Río. Por medio, queda un bonito y muy agradable tramo por el Valle deTabladillo, rincón hasta ahora desconocido para mí y que, intuyo, debe ser una
delicia en otoño. Habrá que volver.
| Mi primer paso por el valle de Tabladillo |
| Las llamativas formaciones rocosas del valle de Tabladillo |
Pasado Carrascal, me enfrento a uno de los tres últimos muros que
me quedan por delante. La carretera, o lo que queda de ella, se despide del
Duratón y encara el ascenso hasta la meseta por mitad de un frondoso pinar. Lo
hace con una inclinación notable, superando claramente los dos dígitos. De
repente, me invade un calor digno de
otras épocas, así que me abro el maillot por completo y, con el motor ya más
refrigerado, completo este ascenso de poco más de un kilómetro que me dejará a
las puertas de Navalilla.
| Frontón de Carrascal del Río (Segovia) |
"Es la chica segoviana
| Allí, tras aquella curva del fondo, arranca el murito |
Tras pasar por Navalilla, y mientras circulo por un pequeño
tramo de asfalto, me asaltan sensaciones encontradas. Por un lado, la
tranquilidad que da saber que ya han quedado atrás los tramos más exigentes del
día. Por otro, la inquietud de enfrentarme a las rectas infinitas y las
llanuras que me esperan.
Por el momento, y para no agobiarme, me fijo como primer objetivo el de llegar hasta Lastras de Cuéllar. Son 22 kilómetros en los que habrá que circular mayoritariamente por diversas pistas entre inmensos pinares y en los que, sobre todo, habrá que mantener a raya la sensación de monotonía. El paisaje es sugerente, pero el track sólo ofrece recta, giro de 90 grados, recta, giro de 90 grados, recta, y así hasta casi el infinito. Hay que saber llevarlo y yo no soy precisamente un experto en estas lides.
| Largas rectas entre pinares |
| Pino temerario, camino a Lastras de Cuéllar |
En Lastras, a la sombra de su frontón, me detengo a comer el
segundo bocadillo y a rellenar uno de los botes que ya se ha quedado sin agua.
Acto seguido, retomo el pedaleo y encamino las ruedas hacia un sector prácticamente idéntico al
anterior en el que tan sólo el paso por el Molino del Ladrón y el cruce del río
Cega provocan un tímido cambio del panorama.
| Puente sobre el río Cega. Una excepción entre pinares |
20 kilómetros de pinares después, alcanzo Gomezserracín,
donde inevitablemente debó despedirme temporalmente de La chica segoviana para
entonar otro clasicazo de Nuevo Mester de Juglaría, la Jota de Chatún:
| Rectas y pinos, ¡vaya novedad! |
En Chatún, por cierto, me topo con un llamativo grafiti en
una de esas singulares construcciones que aún quedan en los pueblos para
distribuir (¿?) la corriente eléctrica. No seré yo quien romantice la vida en
estos lares, porque tiene que haber momentos duros, pero cada vez me siento
más cerca de la sencillez y paz que se respira en lugares así que del frenesí que emana de las grandes urbes.
| La M-30 de Chatún. Ya quisiera Madrid... |
Hasta Mudrián (kilómetro 160, más o menos) sigue siendo más de lo mismo: pinares. Eso sí, esta vez por una carretera botosa que me recuerda que sí, que otra vez se me ha olvidado traerme la crema para las posaderas… Este asunto me preocupa de cara a The Capitals, porque el culo protesta siempre mucho antes que las piernas y por más pruebas que hago no termino de dar con la clave.
El de no haber metido en la bolsa delantera el ungüento para
refrescar el lugar donde la espalda pierde su honesto nombre no va a ser el
único error de la jornada, porque, camino de Bernardos, cuando me dispongo a
subir el penúltimo de los muros que me restan, el estómago pide hidratos y yo
apenas le puedo dar las cuatro gominolas que me quedan y un gel. Demasiado
poco.
| ¿Ya saben de qué va esto, no? |
No es por tanto de extrañar que la subida desde el puente de Constanzana, por el que baja un caudaloso y bravo Eresma, se me atragante cosa mala. Afortunadamente, después de un primer kilómetro que debe rondar el doble dígito, la carretera se suaviza y puedo llegar a Bernardos con una cierta dignidad. Allí, me esfuerzo por buscar un bar abierto, pero en el único que encuentro, la cocina esta cerrada y lo que queda sobre la barra como posibles pinchos son berberechos, mejillones, boquerones y otras delicias tan avinagradas como intolerables para mi estómago de Hacendado.
| Puente de Constanzana, con un Eresma en pleno apogeo |
| Otro rincón que no conocía y que me pareció bien chulo |
Con un simple Aquarius como avituallamiento, reemprendo la
marcha consciente de que debo mejorar, y mucho, la planificación. Me queda otro
gel, pero lo que ahora necesito es comida de verdad y de esa ni tengo ni
encuentro. En fin, tomamos nota.
| Cambio de tercio paisajístico a la salida de Bernardos |
Pasado Bernardos y tras un benevolente tramito de asfalto,
giro a izquierdas y me incorporo a la Vía Verde del Eresma, trayecto que
seguiré durante los próximos 22 kilómetros. Al principio, el camino pica
levísimamente hacia abajo, pero en cuanto deja atrás lo que queda de la
estación de Yanguas de Eresma, se inclina levemente hacia arriba, lo justo para
ir rascando poco a poco las fuerzas que me quedan, que no son ya muchas.
| Vía Verde del Eresma, un remanso de paz |
| Estación de Yanguas de Eresma... o lo que queda de ella |
Por suerte, los entrenos de paciencia que llevo realizando todo el invierno dan sus frutos. Mentalmente, sigo fresco. Y entre que logró no dar muchas vueltas a lo que me queda y que el entorno se ha vuelto francamente bonito con la luz del atardecer, voy quemando kilómetros hasta el punto marcado para abandonar la Vía Verde. Allí, por ahorrarme un breve rodeo por carretera, cuneteo un poco y aderezo la ruta con una pizca de empujabike, que es lo único que ya le faltaba.
| Últimos tramos de Vía Verde antes del cuneteo |
De nuevo sobre asfalto, tramito con cierta soltura el enlace
hasta el Santuario de la Fuencisla y me detengo casi a los pies del Alcázar para echarle la foto que se merece y encender las luces de cara a la última
subida. Esta mal que yo lo diga, pero que rebonita que eres Segovia querida.
| Segovia asoma ya en el horizonte. Esto se acaba |
| Una ciudad de cuento |
Tirando un poquito de orgullo y un mucho de la emoción que
genera saber que voy a completar con éxito otra grandísima jornada de bici, dejo
atrás el adoquín de la Cuesta de las Hoyos, último muro del día, y callejeo lo
justo para llegar a casa. Las sensaciones no han sido tan buenas como esperaba,
pero hoy, a diferencia del quizá
demasiado sencillo primer 200 del año, he dado un paso al frente en algunos
aspectos y he aprendido mucho. Y bueno, lo que digo siempre, que he vuelto a
cumplir con el único objetivo que me planteo en realidad cuando planifico estas
rutas, el de disfrutar y desconectar al máximo, el de olvidarme que soy sordo y
que la vida, a veces, me lo pone muy difícil. Aquí seguimos, porque como figura
en el arranque de esta entrada: “Si los pinares ardieron, aún nos queda el
encinar ...”
(Nuevo Mester de Juglaría - La chica segoviana)
ALGUNOS DATOS
- Distancia: 211,77 km.
- Desnivel acumulado: 2.023 m.
- Velocidad media: 20,9 km/h
- Velocidad máxima: 54,4 km/h
- Tiempo total de pedaleo: 10h 07' 59"
- Hora de salida: 08:15
- Hora de llegada: Otro día que se me olvida apuntarlo...
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