My capitals (Día 2): Burgos - Segovia
"El dolor dura tanto como tú elijas . Cuando decidas acabar con él , se detendrá". KEN FOLLET – Alto riesgo.
Me despierto quince minutos antes de sentir la vibración del
despertador. Nada más recuperar la consciencia, constato que mi cuerpo ha
recuperado bastante bien de la paliza del día anterior y que lo mejor que puedo
hacer es ponerme en marcha lo más rápido posible, antes de que a mi cabecita
loca le dé por ponerse a pensar en lo que queda por delante.
Con buen ánimo, despacho los trámites mañaneros, desayuno
con ganas en el hotel y me pongo en marcha rumbo a Burgos. Para empezar, toca
deshacer el tramo final de la ruta de ayer y recorrer, en sentido contrario, el
carril bici que me dejará en el corazón de la capital castellana. En esta
ocasión, los 12 kilómetros pasan volando y en un abrir y cerrar de ojos ya
estoy junto a la impresionante Catedral que hoy, solitaria y tranquila, reluce aún más que la noche anterior.
| Tranquila y en calma. Bella |
| Bonita, la mires por donde la mires |
Salir de Burgos implica carrilear con tranquilidad durante
un ratito más y subir una importante cuesta que me sirve para calentar piernas
y constatar que, como le diría a mi querido DwarfCu, “¡No estamos tan mal!”.
Soy consciente de que, tarde o temprano, vendrá el tío Paco con las rebajas,
pero, de momento, a disfrutar, que pinta bonito.
En Villagonzalo de Pedernales abandono el asfalto y me
interno por un sector de caminos en constante sube y baja que, tras dejar atrás
la localidad de Villariezo, me permitirán alcanzar sin mayor problema el pueblo
de Villangómez. Allí, dedicó unos minutos a recorrer a su calles y observar los
curiosos y variopintos murales que decoran algunas de sus fachadas. Sin duda,
una buena manera de dar color a lugares que, por culpa de la dejadez
institucional y el éxodo rural, han perdido vida y alegría.
| El Batman de Villangómez (Burgos) |
| 'Ensoñaciones', otro mural bien chulo |
| 'La música y la literatura' dando color al frontón |
De camino a Valverde del Monte, el track me invita a cruzar
un campo arado para enlazar con un camino que se ve al fondo. Como no me
apetece patear, busco una alternativa, me desvío tímidamente hasta Villafuertes
y desde allí, ruedo un par de kilómetros por asfalto para reincorporarme sin
problemas a la ruta planteada. ¡JC wins Koomot!
| Caminos aún marcados, camino de Tordómar (Burgos) |
Hasta Tordómar, municipio en el que planeo parar a
desayunar, el panorama no cambia. Pedaleo entre campos de labor ahora teñidos
de un verde intenso, superando pequeñas ondulaciones que, casi sin dejarse
notar, van añadiendo metros a la altitud acumulada. El paisaje resulta
atractivo, pero también hace presagiar cierta monotonía, ya que aún no se
atisban excesivas masas arbóreas en el horizonte.
| Rectas entre campos de cultivo. Es lo que hay |
Tras la parada, en la que mantengo una breve conversación con dos lugareños que se interesan por mi devenir y me recomiendan tomar carreteras más sencillas que los caminos que pretendo seguir (gracias por el consejo, pero uno es tozudo y a estas alturas ya no va a cambiar), paro un segundo en una tienda a comprar unos cuantos plátanos y encaro un tramo ascendente que, alternando tierra y asfalto, me dejará en Villafruela (más o menos, kilómetro 70 de etapa).
| Iglesia de la Santa Cruz. Tordómar (Burgos) |
"Mueve deprisa, el café se enfriará.
| Un poquito de asfalto, que nunca viene mal |
| Clásicos paisajes de la meseta castellana |
Superada esta población,
y tras despachar una planicie, el camino se desploma abruptamente hacia
Tórtoles de Esgueva. Como hace más calor del deseado y sé que luego toca
remontar desde el valle hasta la meseta, realizo una breve parada en este
coqueto pueblo para tomarme un Aquarius y comer un plátano. Bienvenidos sean, porque el tramo de ascenso
posterior, de un par de kilómetros, resulta endiablado, superando claramente
los dos dígitos en varias ocasiones.
| Bajada pedregosilla hasta Tórtoles de Esgueva (Burgos) |
| Todo lo que baja, sube. Al fondo, el comienzo del rampón |
Al alcanzar la llanura, constato que está llegando el
previsible bajón mental. Aún me restan 120 hasta casa y algunas dudas comienzan
a llamar a las puertas. Es tiempo, por tanto, de intensificar el tarareo,
buscar distracciones mirando a cualquier lugar y, sobre todo, marcarse pequeñas
metas, como la de llegar hasta Peñafiel, un buen lugar para hacer una parada
más larga.
| Alcanzando de nuevo la llanura |
"Oh-oh-oh, bonito es.
| Palacio de Guzmán. Guzmán (Burgos) |
El terreno hasta la localidad ya vallisoletana resulta
incómodo, ya que el viento pega de cara y los caminos dibujan rectas o falsos
llanos o, lo que es peor, las dos cosas juntas. Además, cuanto toca descender
hasta el valle que forma la confluencia de los ríos Duratón y Duero, Koomot se
cobra la revancha y me mete por un tramo de camino casi borrado y una bajada
pedregosa. Al menos, la vista queda recompensada con la contemplación del
espléndido castillo de Curiel de Duero.
| El imponente castillo de Curiel de Duero (Valladolid) |
Ya en Peñafiel, busco un supermercado, compro bebida y lo necesario para hacerme un bocadillo y me siento a la sombra para recuperar fuerzas físicas y mentales. A la salida de esta bella localidad, tocará de nuevo un tramo de ascenso con Eolo apretando, así que más vale reiniciar con las pilas cargadas.
| Puentes sobre el río Duero. Peñafiel (Valladolid) |
| El Castillo de Peñafiel desde la curiosa Plaza del Coso. Peñafiel. (Valladolid) |
Y aunque el arranque de sector es una larga recta con viento
de cara, lo cierto es que, tras un primer tramo pestoso, logro encontrar el
ritmo y supero la subida con una esperanzadora solvencia. Un espejismo, porque
las llanuras que separan Fompedraza de Frumales van a devolverme a la cruda
realidad: quedan 80 kilómetros y mi cabeza dice no, no y no.
| Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. Molpeceres (Valladolid) |
| Llego a Segovia... llega la crisis |
Con la esperanza de recuperar la cordura, me detengo en
Frumales (mítica localidad de nacimiento de dos grandes como Luis Mariano Minguela y José Antonio Minguela) para tomar un café y comer algo más. Nada. Es
reemprender la marcha, entrar en una zona de caminos rectos entre pinares y
sentir que ya no puedo más. La crisis mental es tan aguda que, llegado un
momento en el que la bici se atasca en un arenero, prácticamente me quedo
parado. De repente, no le veo sentido alguno a lo que estoy haciendo. Queda un
mundo, me duele el culo y las piernas ya no giran con soltura.
| Como diría mi querido vasco Iñigo Ostolaza: "Los mejores baches, los de Segovia" |
| Hundimiento entre pinares |
Los 20 kilómetros que separan Frumales de Zarzuela del Pinar
se convierten en una pelea a muerte contra mis demonios. Ellos dicen no, no y
no. Y yo, pese a todo, insisto en decir sí, sí y sí. No es la ruta ni The Capitals, es la batalla constante contra la sordera. Lo siento así y por ello
sigo adelante.
Tras un largo periodo de lamentos, algún sprint
reivindicativo, una parada reparadora para mente y nalgas antes de cruzar el
río Cega y un revolcón sin consecuencias en esas playas que se forman entre los
pinos, alcanzo, al fin, Zarzuela. Sigue quedando mucha tela que cortar, pero
empiezo a verlo de otra forma.
| Pinares con arena de playa |
A esta pequeña-gran victoria le sucede un tramo por asfalto
bastante llevadero que me dejará ya muy cerca de Segovia. Voy pueblo a pueblo.
Fuentepelayo, Aldea Real, Mozoncillo, Escarabajosa de Cabezas, Cantimpalos...
Al paso por este último pueblo, famoso por su chorizo y su cross nacional, conecto las luces y
enfilo una carretera botosa que terminará convertirá en camino y me situará a
la altura de Encinillas, localidad en la que ya siento que el reto está en mi
mano.
| Aldea Real, ya queda menos... |
Para evitar el tránsito (permitido) por un tramo de la autovía que une Segovia con Valladolid a estas horas, me desvío tímidamente hasta Valseca y desde allí cojo una pista que me llevará hasta Zamarramala. Pedaleo ya en la más completa oscuridad, sin más luz que la del foco delantero. Conozco el entorno, pero tengo la extraña sensación de no haber pasado nunca por allí. Hay algo de mágico en rodar de noche, sumido en ese silencio que hasta logra impresionar a un sordo.
De repente, tras una última loma, aparecen las luces de Segovia. La Catedral y el Alcázar brillan imponentes en el ya cercano horizonte. No queda nada. Lo tengo… Bueno, quedar sí queda, porque después de descender hasta orillas del Eresma, hay que recuperar la altura perdida y toca superar una última cuesta, pero después de lo vivido, ya no lo tengo ni en cuenta.
| Segovia querida. Ha costado, pero ya estamos aquí |
Para cerrar el círculo, tiro una foto junto al Acueducto (la de portada) y
doy por cerrada una aventura fantástica. La mezcla de emoción y cansancio se
apodera de mí y no será hasta que llegue a casa, me duche y dé buena cuenta de
los inigualables huevos con patatas fritas de mi madre cuando empiece a ser
consciente de lo que mucho que ha supuesto para mí completar esta ruta.
(Los Sencillos – Bonito es)
ALGUNOS DATOS
- Distancia: 204,71 km.
- Desnivel acumulado: 1.575 m.
- Velocidad media: 19,1 km/h
- Velocidad máxima: 57,9 km/h
- Tiempo total de pedaleo: 10h 42' 04"
- Hora de salida: 08:31
- Hora de llegada: sobre las 21:00
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