Gira por Soria (Día 1): Soria - Laguna Negra - Duruelo de la Sierra

"Llevo conmigo la conciencia de la derrota como un pendón de la victoria". FERNANDO PESSOA – Libro del desasosiego (1982).

En 1998, la Diputación de Soria lanzó una campaña de turismo con el eslogan: ‘Soria, ni te la imaginas’. Por motivos indescifrables, aquella cancioncilla que repetían en el pertinente anuncio televisivo se me quedó grabada en la mente… Años después, en 1992,  el dúo cómico Martes y Trece estrenó un sketch llamado Glorias de España en el que Lauren Castigo (Josema Yuste) entrevistaba a la cantante de flamenco Paca Carmona (Millán Salcedo). En un momento dado, Castigo se dirigía a Carmona y le decía:

"Paca, no estás acabada. Tú estás empezando ahora mismo, chiquilla. Tú ahora mismo puedes hacer una gira por Soria y te forras… Y te forras, hija de la gran puta. Te lo llevas crudo. Te lo digo yo, que tengo mucho arte dentro de mí". 

En fin, no es un humor muy refinado, pero uno, que es muy simple para algunas cosas, no puede evitar reírse a carcajada limpia al recordar esta escena que suele venir a mi mente cada vez que me cruzo con Soria.

Al lío

Pues sí, con este par de referencias viejunas en mente, inicié el viernes 22 de mayo mi particular Gira por Soria. El objetivo: disfrutar del pedaleo por un territorio ideal para el bikepacking y “forrarme” de kilómetros de cara a The Capitals, reto que ya queda a menos de dos meses vista…

La ruta parte de casa de dos grandísimos amigos, Shandra y Juan Ignacio, que me brindaron su hospitalidad y me facilitaron una cama para pasar la noche y poder salir a primera hora sin agobio alguno (¡Mil gracias, chicos!). Gracias a ello, pude atravesar la ciudad sin contratiempos y situarme con rapidez a orillas del Duero, mi fiel compañero durante gran parte de la jornada.

Detalle de la Concatedral de San Pedro (Soria)

El arranque del recorrido es ya espectacular, por una senda paralela al río en la que incluso hay que pasar por distintas pasarelas de madera que permiten casi pedalear sobre las aguas. Además, a estas horas aún corre una brisa muy agradable. Y no hay ni un alma… Normal que ya empiece a sentir las clásicas Pulgas en el corazón.

El río Duero, fiel compañero de ruta

"Susie bebe junto a la ventana
con los labios sin pintar.
Tal vez esta es una de esas noches
en que todo sale mal".

Rectas de madera a orillas del Duero

Casi como pedalear sobre las aguas

Como suele ocurrir en estos casos, el sendero comienza a volverse algo más salvaje a medida que se aleja del núcleo urbano. De hecho, antes de alcanzar una pequeña industria en las afueras de Garray, toca sortear una zona de raíces y piedras que sin ser nada del otro mundo, al menos sirven para no ensimismarse demasiado.

Superado este paso, enlazo pistas y caminos en buen estado y, tras coronar el primer repecho del día, me presento en Pedrajas, una pequeña localidad que recibe al visitante con una curiosa escultura que forma parte de su museo al aire libre. 

La sombra del bikepacker es alargada

Buenos caminos para arrancar la jornada

"Un chaval pide monedas
para echar en la Juke-box
y ya ha puesto 15 veces
‘Should I stay or should I go’".

Curiosa escultura del museo al aire libre de Pedrajas (Soria)

Tras echar un par de fotos, reemprendo la marcha y encaro el sector ondulado que me llevará hasta el embalse de la Cuerda del Pozo. Por el camino, habrá un poco de todo: un sencillo tramo de carretera hasta Hinojosa de la Sierra, localidad en la que despuntan los restos de un castillo; una autopista de tierra completamente rectilínea que me dejará en un pueblo de nombre memorable, Vilviestre de los Nabos,  y algún que otro camino más pedregoso antes de alcanzar las orillas del pantano.

Restos del castillo de Hinojosa de la Sierra (Soria)

Autopista soriana

Topónimos que dejan huella

Hasta Abejar, lo que sigue es otra ronda de caminos en sube y baja y un tramo de la Vía Verde Santander-Mediterráneo. El sector ferroviario resulta tan rectilíneo y aburrido como de costumbre, pero me permite avanzar con cierta celeridad y tramitar con sencillez los últimos 11 kilómetros que me separan del almuerzo. Sí, café con leche y tortilla de patata. Me gusta y, sobre todo, me sienta bien.

Da gusto pedalear por un entorno así

"Ese chico del taller busca pelea
no le importa con quien sea".

Una recta clásica de cualquier vía verde...

Entre que estiro más de la cuenta la parada y que Lorenzo comienza a apretar, los 30 kilómetros que me separan de Molinos de Duero se me hacen algo de bola. El track dibuja un bonito trazado entre pinares, pero en cuanto el terreno se inclina hacia arriba, las piernas se endurecen más de la cuenta y el calor me sale por las orejas… De repente, siento dudas sobre mis capacidades y las pulgas saltan del corazón a esa parte del pecho en la que suele atrincherarse la ansiedad… Mal asunto.

Inmersión en el mar de pinares

Agua por doquier... Es lo que llaman el "secarral castellano" 🙄

Consciente de que la responsabilidad de parar este inesperado hundimiento es solo mía, hago el pertinente esfuerzo de relativizar la situación y me marco Vinuesa como punto para buscar bebida abundante y una sombra y detenerme a comer un bocadillo que llevo en la bolsa delantera. Tener este objetivo en mente, me ayuda a solventar el bucle de 10 kilómetros junto al embalse y a llegar al citado municipio con la cabeza aún en su sitio.

Pueblos con encanto. Molinos de Duero (Soria)

Ellos tienen preferencia...

"Pulgas en el corazón
perros en el callejón.
Y yo voy a estarme quietecita
hasta ver venir lo bueno en mi rincón".

Vinuesa (Soria). Llega el momento de hacer una parada

El embalse de la Cuerda del Pozo en todo su esplendor

Desde Vinuesa, debo afrontar un sector de unos 35 kilómetros y más de 1.200 metros de desnivel positivo. Son números que imponen respeto, pero, tras el parón, me subo a la bici con ánimos renovados. Decido ir paso a paso, concentrando el esfuerzo y el pensamiento en lo que tengo delante de la vista, sin pensar en lo que queda más allá. No es fácil acallar al enanito gruñón, pero entre que el paisaje sigue siendo espectacular y que unas oportunas nubes comienzan a ganarle la partida al sol, supero el primer sector de pista y rampas endiabladas y alcanzo la carretera que sube a la Laguna Negra.

Primer tramo de pistas antes del demoledor ascenso

Por ser legal y respetar el sentido de la pista asfaltada, me veo obligado a perder altura y encarar el ascenso por donde marcan las señales. La subida arranca suave, pero pasada la minúscula localidad de Santa Ines, comienza a, con perdón, encabronarse hasta desembocar en un eterno kilómetro a casi el 12 por ciento de media que con una bici de gravel con peso extra se convierte en una prueba de fuego. Aprovechando que estamos aún en temporada baja y no hay ni rastro de coches, trazo algunas eses para despistar la pendiente y así, a ritmo infame, consigo dejar atrás este muro y alcanzar un tramo del puerto con porcentajes algo más suaves.

Puff, lo que cuesta llegar hasta aquí...

"Hay un tipo al fondo de la barra
que se piensa que es John Wayne.
Pide Bourbon y pregunta
'Chicas, ¿queréis pasarlo bien?'".

Antes de la última parte del ascenso, una pequeña bajadita hasta un parking permite oxigenar las piernas. Después, aún queda un kilómetro y medio hasta donde acaba el asfalto. Por este tramo, subí caminando con la familia el pasado verano y me pareció duro, pero la realidad es que como vengo de digerir pendientes más severas, logro encontrar un ritmo oportuno y corono con mucha más soltura de la esperada. Tanta que, sin pensármelo, me bajo de la bici y recorro en modo empujabike y cargobike los 300 metros de rocas y escalera que me separan de la laguna. Con dos coj***s.

Hasta arriba, que no se diga

El esfuerzo encuentra una plena recompensa en cuanto me sitúo a orillas de esta laguna de origen glacial que, a diferencia de cuando pude verla en verano, luce hoy un es-pec-ta-cu-lar color verde. Aunque no estoy solo por allí, el momento es de esos que quedan grabados.

La Laguna Verde, digo Negra. Un lugar para el recuerdo

"Susie enciende un cigarrillo
y dice, 'socio muérete.
Debes ser tan divertido
como que te pille el tren'".

Consciente de que aún queda tela por cortar, me despido con algo de pena de este bellísimo paraje, desando con cuidado esos 300 metros en los que, con las calas y el peso de la bici, cuesta mantener el equilibrio y me lanzó a tumba abierta hasta el parking. Por allí, doy un par de vueltas buscando una fuente, pero no veo ninguna, así que me resigno a encarar la última subida del día con medio bote de agua. Mira que soy de beber poco, pero la realidad es que, entre el calor y el esfuerzo, he consumido tres cuartas partes de los dos bidones de 750 ml. que llevo.

Como imaginaba, el ascenso alterna tramos duros con otro muy duros en los que, además, el terreno, bien cargadito de piedras y surcos, no ayuda. Por si fuera poco, a ratos vuelve a asomar Lorenzo con fuerza entre las masas nubosas y convierte la subida en un horno. Dosifico fuerzas y agua. Metro a metro. Chupito a chupito. Así, hasta que tanto la distancia que me separa de la cima como la cantidad de agua se quedan a cero. Ni tan mal.

Coronando la última subida

"Aquí viene el mejicano con su panda.
Quieren juerga, ¡qué caramba!"

La bajada posterior arranca por una buena pista que me permite refrigerar el motor y mitigar la sensación de sed. Además, justo antes de un desvío, en un área recreativa, encuentro una de esas fuentes por las que mana un agua fresquísima. Sin garantías sanitaras, pero fresquísima, que es lo que importa. Soy de estómago fino, pero no dudo en beberme un bote casi del tirón…

Agua con garantía de frescor

El resto del descenso alterna tramos de pista en buen estado y caminos algo incómodos, con piedra suelta, sobre todo en las curvas. Además, en su parte final, dibuja un sector vertiginoso en el que hay que apretar con brío los frenos para no embalarse más de la cuenta. No quiero ni imaginarme lo que tiene que subir por este lado…

"Pulgas en el corazón
perros en el callejón.
Y yo voy a estarme quietecita
hasta ver venir lo bueno en mi rincón".

Finalmente, tras pulir un poco las pastillas, alcanzo la carretera CL-117. Desde este punto, podría haber tirado por asfalto hasta Duruelo de la Sierra, localidad marcada como fin de etapa, pero por añadir kilometraje y meter más terreno off road, me decanto por seguir el track, cruzar el río Duero por un pequeño puente y enfilar una pista que circula paralela a la corriente.

Cruzando el Duero, una vez más

Como este segmento de la ruta lo he copiado de la web Caminos de Frontera, me confío y doy por hecho que no revestirá dificultades… ¡JA! Llegado un punto, el GPS me dice que a la derecha, por un sendero que apenas se ve y que a los dos metros ya se ha convertido en un pedregal. "Venga va, no te ofusques que será llegar al río, cruzar y ya…" ¡JA! Tras pasar un puente que amenaza ruina, el sendero sigue siendo muy poco ciclable y obliga a más pateo. "Venga, que allí  se ve un camino más marcado y seguro que ya se puede rodar bien…" ¡JA!

¿Ciclismo o barranquismo? Encerrona guapa

"El camarero ya no encarga más champán.
No hay nada que celebrar".

Pasarela Las Torcas... Rezar un padrenuestro antes de cruzar

Para ser justos, debo decir que este último sector entre el puente de Valserrao y el de los Arrieros es muy, pero que muy chulo, pero tiene raíces, escalones, piedras, zonas en las que el río ha invadido el paso… Es, por tanto, un tramo técnico por el que una bici de gravel con bolsas de bikepacking no se mueve con soltura. Hay que ir con mil ojos, tirar de brazos para sortear escalones, hacer algo de equilibrismo, poner algún que otro pie a tierra… Y a estas alturas del día, con el cansancio acumulado y, sobre todo, la cabeza ya pensando en el final de la jornada pues se hace largo.

Un bonito tramo que debería haber disfrutado más...
Total, por cuatro piedras...

Finalmente, a la altura del citado puente de los Arrieros, decido obviar el último tramo de sendero, tomar una pista que me lleva a la carretera principal y completar ya sin más problemas los cuatro kilómetros finales de una ruta tan espectacular como dura. Físicamente, he acabado bastante entero, pero, mentalmente, siento que aún soy propenso a boicotearme más de la cuenta. Mañana, habrá que trabajar en este asunto, porque, además, ya sé que el día entraña tramos técnicos, complicados y lentos. Pero bueno, de momento, a descansar.

"Oh-oh, pulgas en el corazón
perros en el callejón.
Y yo voy a estarme quietecita
hasta ver venir lo bueno en mi rincón".

(Christina y Los Subterráneos – Pulgas en el corazón)


ALGUNOS DATOS

- Distancia: 166,04 km.

- Desnivel acumulado: 2.480 m.

- Velocidad media: 18,5 km/h

- Velocidad máxima: 19,9 km/h

- Tiempo total de pedaleo: 8h 58' 54"

- Hora de salida: 07:31  

- Hora de llegada: sobre las 17:47


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