Montañas Vacías (Día 5): La Puebla de Valverde - Teruel
"Porque vivir es convivir con tus demonios, aceptarlos de algún modo, saber que están ahí, pero que no tienen ni media hostia, darles un espacio en la mesa para luego no pasarles ni la sal, al enemigo ni agua". PEDRO SIMÓN - Los incomprendidos (2022)
Si algo me ha venido dejando claro Montañas Vacías desde la
primera pedalada es que se trata de una ruta que, desde el punto de vista
físico, no regala absolutamente nada. Donde no hay subidas duras, aparecen
bajadas exigentes o un terreno por el que circular con una bici con peso
requiere de más esfuerzo del esperado. Por ello, ya asumo que cerrar el círculo
con una etapa de más de 150 kilómetros y un desnivel acumulado superior a los
3.000 metros va a ser una labor complicada.
Y para qué lo vamos a negar, aunque he descansado bien y no
me he levantado muy cansado, ya tengo los demonios rondándome por la cabeza y
diciéndome que lo mejor que puedo hacer es recortar y tomar atajos. Pero no, de
momento, al enemigo ni agua.
De entrada, podría haber completado los 17 kilómetros que
separan La Puebla de Valverde de Mora de Rubielos por carretera, pero arranco
el día decidido a seguir el track original y me interno por una serie de
caminos que depararán alguna subida entre suave y moderada, una poquito de
carretera con su repecho y un tramo pedregoso en las inmediaciones del embalse
de Valbona, una localidad en la que, por cierto, me detengo un instante a
tomar el café que le había faltado a mi, de nuevo, ridículo desayuno.
| El último amanecer de la ruta |
| Masía abandonada. Clásico paisaje de Montañas Vacías |
| El embalse de Valbona (Teruel) |
La idea era haber comido algo más en la citada localidad, pero como el bar acaba de abrir y no hay oferta alguna, decido posponer la parada hasta Mora de Rubielos donde, ya sí, completo el asunto con un zumo de naranja y un trozo de tortilla. Sigo sin hambre, pero me obligo a comer, que queda mucha tela por cortar.
| Bonita calle de Mora de Rubielos (Teruel) |
Porque sí, una vez que se atraviesa el bello municipio turolense, arranca el primer ascenso serio del día, un tramo de unos 26
kilómetros en los que habrá que salvar más de 850 metros de desnivel y en los
que también tocará lidiar con un sol que hoy aprieta otra vez con ganas.
| La foto es regulera, pero el pueblo de verdad que es muy bonito |
Curiosamente, el primer tramo, el asfaltado, es el que más se me atraganta, porque una vez tomo una pista que nace a derechas, logro encontrar un ritmo adecuado que permite ir quemando kilómetros con más soltura de la esperada. Además, el entorno resulta cada vez más agradable y es fácil entretener la vista mirando aquí y allá.
| Agradable pista entre pinos, otro clásico de Montañas Vacías |
| Un buen punto para observar desde donde venimos |
Finalizada esta subida, lo que toca es una larga bajada hasta Linares de Mora, coqueto y singular pueblo en el que hago una parada para comer algo y recargar a conciencia los bidones. Y es que, desde aquí hasta el pico Peñarroya, punto más alto de toda la ruta, hay que salvar 800 metros de desnivel en unos 20 kilómetros.
| Bajando a Linares de Mora (Teruel) |
| Otro pueblo con mucho encanto. Linares de Mora (Teruel) |
El ascenso arranca por un curioso sendero que obliga a sortear un par de escalones rocosos y que, tras cruzar un puente, se transforma en un camino ascendente y pedregoso que desemboca en el área recreativa del Pino Escobón. Por aquí, empiezo a ir ya tan tostado que ni presto atención al que es el "pino laricio más alto inventariado en la provincia de Teruel". Ni le vi.
| Un senderito para arrancar la subida |
Seguramente, ni me percate de la presencia de este singular
árbol porque mis sentidos se concentraron en superar el rampón asfaltado que
une el área recreativa con la carretera principal. Empiezo a sufrir de verdad,
pero de momento lo asumo con naturalidad. Llevo cinco días dándole al asunto y
lo veo como algo lógico y normal.
Tras un tramo asfaltado con desniveles algo más suaves, pero muy constantes, giro a izquierdas para tomar una pista que irá ascendiendo de forma escalonada. Los primeros peldaños son cortos y exigentes, pero tras una curva abierta a derechas, se suceden unas rectas infinitas y pedregosas en la que el porcentaje rara vez baja de los dos dígitos. Sigo sufriendo.
Gestionando una crisis
A falta de 1,5 kilómetros para alcanzar la estación de esquí de Valdelinares entro en crisis. Aunque la subida ya es muchísimo más llevadera, mi cabeza dice que no, que ya no más, que ya está bien… que en cuanto alcance la estación, me tire cuesta abajo por carretera hasta Alcalá de la Selva.
| Zona de cierto descanso en la ascensión a Valdelinares. La única foto que hice... |
Como puedo, acallo estas voces y encaro el tramo final de
ascenso hasta el pico. A menos de un kilómetro de la cima, a la que se accede
por una pista amplia y sin grandes desniveles, el nubarrón de pesimismo me
atrapa y me obliga a parar en una sombra. Para dispersarlo, me digo que, una
vez corone, podré disfrutar de la bajada y sentarme a beber una Coca Cola bien
fría en Alcalá de la Selva.
| Quitanieves y Cogepolvos en la cima de Valdelinares (Teruel) |
La autopromesa da sus frutos y me permite alcanzar el pico
Peñarroya, montaña que con sus 2.028 metros de altitud es el techo de la provincia de Teruel. Me bajo de la bici, la apoyo contra el hito que marca la cima (foto de portada), asciendo hasta el mirador y me dejo
llevar un ratito por la emoción. De momento, aquí seguimos.
| Amplias vistas desde el pico Peñarroya. Lo que ha costado llegar hasta aquí... |
El descenso hasta Alcalá de la Selva alcanza ese punto
vertiginoso que termina por convertirlo en incómodo. Hay que frenar mucho y
bajar concentrado, es decir, hay que seguir consumiendo energías.
| Un momento de relax en mitad de la trepidante bajada a Alcalá de la Selva |
Consciente de que los aproximadamente 60 kilómetros que me separan de Teruel van a ser mortíferos, alargo la parada en esta localidad lo máximo posible, hasta un punto en el que tengo claro que o me pongo ya en marcha o me quedo allí a echar el día… Por cierto, en este impasse, me como, sin ganas, un bocadillo.
| Callecita empedrada en Alcalá de la Selva (Teruel) |
Hasta Cabra de Mora, me arrastro para superar un puertecillo
de 4 kilómetros con alguna rampa endiablada, pero al menos encuentro recompensa
en una bajada por asfalto que me permite refrigerar un motor ya completamente
recalentado y coger fuerzas para el que, intuyo, va ser el tramo más decisivo
de lo que queda de día.
| En pleno ascenso hacia Cabra de Mora (Teruel) |
| Subida completada. Las vistas compensan |
Y sí, así es, el sector entre Cabra de Mora y Formiche Bajo, que visualmente es el más flojo de toda la ruta, se me va haciendo bola progresivamente hasta convertirse en intragable. No ya tanto por las subidas, que las hay, sobre todo, por el estado de los caminos en las zonas que deberían ser más rápidas. Pedregal tras pedregal hasta vadear el cauce, seco, del río Mijares, donde nace una pista en la que vuelvo a decir basta.
| Tramo ni fu ni fa entre Cabra de Mora y Formiche Bajo |
El desnivel no es excesivo, pero mi cabeza echa humo. Paro,
escribo un par de mensajes a mi mujer y, gracias a sus ánimos (bendita ella
entre todas las mujeres), me decido a reanudar la marcha. No aguanto ni 300
metros. Voy achicharrado. Vuelvo a parar y decido que voy a caminar un rato. Ni
50 metros después, ya estoy de nuevo sobre la bici, porque veo que a pie se me
hace de noche.
En la tercera parada, echo un vistazo al mapa y constato que
hay una fuente en Formiche Bajo, a unos 500 metros. Dado que llevo los bidones
al borde de la ebullición, me imagino bebiendo agua fresca y, en un arrebato de
furia, me pongo a pedalear al máximo de mis posibilidades en busca del oasis.
Para mi sorpresa, descubro aquí que mis piernas no van tan mal y que la crisis
que arrastro es totalmente mental.
Decisión final
Tras saciar la sed y recibir una nueva tanda de ánimos vía
WhatsApp, reemprendo la marcha y finiquito con dignidad lo que me queda de
subida hasta un cruce decisivo. En él, debo escoger entre seguir el track
inicial y superar otro ascenso de seis kilómetros o huir en busca de la Vía
Verde. Consciente de que si me decanto por lo segundo me voy a arrepentir,
decido mantener el plan inicial. Después de todo lo vivido y ascendido, creo
que no me perdonaría el haber esquivado la última gran subida de la ruta.
| Allí al fondo se vislumbra la última subida |
Aunque el pedregoso camino no me lo pone fácil, logro superar el trance a base de pequeñas paradas y, en menos tiempos del esperado, me sitúo a la altura de los aerogeneradores que por aquí dominan el paisaje. Ellos serán, por cierto, mi compañía, durante un tramo de altiplano que acaba bruscamente tras un giro a derechas.
| Lo mucho que ya va quedando atrás... |
| La última gran subida de Montañas Vacías... Esto casi está hecho |
| La autoPista de los aerogeneradores |
Lo que me encuentro tras el viraje es un sendero estrecho y
lleno de piedras, ideal para una MTB. Aunque me esfuerzo por pilotar con
temple, las ganas de llegar a Teruel me pueden y desciendo por allí con más
riesgo del debido. Afortunadamente, la bici, pese a su aparente rigidez,
responde a las mil maravillas y logró salir indemne y sin avería alguna de la
que es la penúltima trampa de Montañas Vacías.
Porque sí, tras un tramo bien bonito de pinares en sentido
claramente descendente, y cuando ya has
alcanzado las primeras calles de acceso a Teruel, el GPS te envía a la
derecha para afrontar un rampón terrible. Lo siento, Ernesto, pero por aquí me
acorde de buena parte de tu familia.
| Agradable tramo antes del último rampón |
Digerido el amargo postre, ya sí, sólo queda callejear por la capital turolense para alcanzar la plaza del Torico. Aunque en el emblemático lugar reina el bullicio y tanto la bici como yo vamos hechos unos zorros, no dudo en abrirme paso y tirar una última foto en ese mismo lugar del que partí hace algo menos de cinco días. Reto completado. No sé qué pasará en The Capitals, pero tengo claro que me presentaré en la línea de salida con el corazón en calma y la sensación de haber disfrutado de un año ciclista mágico. El objetivo está cumplido. Lo que venga, será un regalo, uno más.
| El Torico, cinco días después.¡Reto completado! |
(Girasoules – Cuenta conmigo)
ALGUNOS DATOS
- Distancia: 157,01 km.
- Desnivel acumulado: 3.292 m.
- Velocidad media: 15,2 km/h
- Velocidad máxima: 68,7 km/h
- Tiempo total de pedaleo: 10h 20' 55"
- Hora de salida: 07:06
- Hora de llegada: 19:32
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