The Capitals (Día 2): Prades - Coll de Nargó
"Pedalear (…) estimula la ilusión de que la belleza y la levedad del camino se extenderán no solo hasta el final de la jornada, sino mucho más lejos, hasta el final de la vida". ANDER IZAGUIRRE – Vuelta al país de Elkano (2022).
El segundo día arranca con un error de bulto. Madrugo,
desayuno con celeridad en la habitación, empaqueto todo y antes de la 06:00 ya
estoy en la recepción del hostal dispuesto a salir. El problema es que allí no
hay nadie, la puerta de salida a la calle está cerrada a cal y canto y yo, para
colmo, me he dejado las llaves dentro de la habitación…
Teniendo en cuenta que el bar adyacente, de los mismos
dueños, no abre hasta las 09:00, entro en pánico y comienzo a sudar. Aunque no
me deja en buen lugar, decido contactar vía Whatsapp
con la persona que me atendió el día anterior y, al cuarto mensaje, logro respuesta. Pocos minutos después, esta persona localiza a la dueña, quien no
duda en bajar a abrirme con una sonrisa. Me disculpo una y mil veces por ser tan inoportuno, pero ella
insiste en que “no pasa nada” y en desearme suerte de cara a lo que resta de
día. Que quedan buenas personas por el mundo es una realidad que, por mucho que
se empeñen algunos en tapar, se puede constatar casi cada día.
Con una media hora de retraso sobre el horario previsto,
encaro el primer sector de la etapa. Voy alternando carretera y pista; algunas
subidas y bastantes bajadas, ya que para llegar a Lleida, ciudad en la que se
ubica el CP 2, hay que perder altura y navegar por la llanura. Avanzo tranquilo
y ligero, sin prisa, consciente de que hoy la dureza residirá más en el calor
que en el desnivel.
| Saliendo de Prades (Tarragona), tarde y mal |
"Arde la calle al sol de poniente
| Bonitas vistas de Vilanova de Prades (Tarragona) |
A la salida de El Vilosell, observo una bici con bolsas de bikepacking apoyada contra una pared, pero no advierto rastro alguno del pertinente ciclista. Cuando estoy ya a punto de parar para ver qué ocurre, echo la vista atrás y veo a Belén (aún no sé que se llama así) en posición de estar vaciando la vejiga… Con una mano, me disculpo por la indiscreta mirada y, lógicamente, sigo adelante.
Sobre el kilómetro 40, justo antes de entrar en las
llanuras, me detengo en Castelldans a desayunar en condiciones. Allí coincido
con varios participantes y vuelvo a cruzar una breve conversación con Belén
(aun no sé que se llama así), quien justo llega cuando yo ya estoy a punto de
reemprender la marcha. Reitero mis disculpas por mi inoportuna mirada, pero
ella me deja bien claro que no hay nada de qué disculparse y me da varios
consejos de cara a lo que resta de día. Conoce la zona y me advierte de que, dada
la modificación de la ruta por culpa del riesgo de incendios, el tramo final
hasta Organyà resultará más complicado por el tráfico que por el desnivel
acumulado.
| El "secarral" ilerdense |
Y hablando de consejos, desde casi el primer minuto de la
prueba, vengo recibiendo una serie de Whatsapp de José Berrío, un amigo de mi
padre que participó en The Capitals un año atrás. Aunque no nos conocemos
personalmente, no duda en darme mil y un detalles de la ruta. Su aportación
resultará clave para la planificación de las etapas y el resultado final.
| Llanuras ilerdenses con sabor a Castilla |
Para mi sorpresa, logro sentirme bastante cómodo rodando por una planicie que nada tiene que envidiar a la de mi querida Castilla y, gracias a ello, alcanzo Lleida con solvencia. Aunque guardaba un recuerdo algo turbio, lo cierto es que el tránsito por la capital ilerdense me resulta muy agradable: el paseo junto al río Segre (ver foto de portada), el pintoresco ascenso hasta la preciosa Seu Vella -lugar en el que estampo el segundo sello en la cartilla de control-, y el tranquilo pedaleo por su zona más moderna -en el que aprovecho para comprar fruta y bebida-, cambian por completo mi opinión de la ciudad. Bienvenido sea.
| Torre de la Seu Vella (Lleida). Muy chula |
Desde aquí hasta Ponts, localidad en la que arranca la zona más dura de la jornada, me restan por delante unos 70 kilómetros de falsos llanos y algunas subidas; sin sombra y con Lorenzo apretando de lo lindo. Consciente de que puedo sufrir mucho, troceo mentalmente el tramo y fijo varios puntos en los que parar a buscar bebida fresca.
| Caminos, canales y solazo... |
La estrategia da sus frutos y poco a poco voy recortando la
distancia sin achicharrar en exceso ni piernas ni neuronas. Por cierto, en
mitad de una de las múltiples pistas por las que hay que rodar, se repite la
escena de bici apoyada, en este caso contra un árbol, y Belén (aún no sé que se
llama así) en cuclillas… ¡Vaya ojo tengo!
Encuentros y reencuentros
En Agramunt, la última parada prevista antes de Ponts, vivo
otra de esas escenas que quedarán para el recuerdo. Tras salir de una
tiendecita, y mientras me dedico a beber y rellenar botes, alguien se me acerca
por detrás y me dice: “¿Juan Carlos?” Sorprendido a más no poder, me doy la
vuelta y me topo con un hombre que viene siguiendo el desarrollo de la prueba
por internet y que ha abandonado su lugar de trabajo para ofrecerme cualquier
tipo de ayuda. Me comenta que es aficionado a este tipo de eventos y que sale
al paso de todos aquellos participantes que se detienen en la localidad.
Ya que no dispone de lo único que me apetece comer y no he
encontrado en la tienda, fruta, el buen
samaritano me indica donde encontrar una frutería. Entre que voy y vuelvo,
cuando llego al mismo punto del encuentro, vuelvo a coincidir con él y con
Belén (aún no sé que llama así), a quien
también está ofreciendo su gentil ayuda.
Tras tantos encuentros previos, alguno no del todo decoroso,
ambos procedemos a las presentaciones oficiales
(¡al fin!) y volvemos a compartir experiencias, datos y consejos.
Igualmente, ella me dice que si no encuentro un lugar para pasar la noche en
torno a Organyà, no tendrá problema alguno en compartir la habitación que tiene
reservada. Agradezco su detalle de corazón, pero también le comento que dado el
nivel de cansancio que arrastramos, considero que es más oportuno que cada uno
tenga su espacio en justo ese momento del día en el que se agradece la calma y
la intimidad. Además, yo tengo ya más o menos fichado un hostal en Coll de
Nargó que pretendo reservar en cuanto me confirmen que hay disponibilidad.
Ya que Belén tiene previsto quedarse a comer en Agramunt, me despido de ella con la tranquilidad de saber que nos volveremos a encontrar y enfilo dirección Ponts. Me hago a la idea de que son 20 kilómetros, cuando en realidad son unos 18, así que cuando llego a esta localidad, aunque aprovecho para refrescarme en una fuente y rellenar botes, no paro a comer…
| Vista de Oliola (Lleida), camino de Ponts |
Tres o cuatro kilómetros después, tras una subida asfixiante
por un carretera con mucho tráfico, activo las cuatro neuronas que aún no echan
humo y asumo que el pueblo que acabo de pasar es Ponts y que, por tanto, he
desperdiciado mi oportunidad de
reabastecerme. Pufff. Bajonazo total.
En cuanto puedo, paro en una sombra a reestructurar el plan.
Aunque quedan unos 30 kilómetros para llegar, la realidad es que empiezo a
sentirme un poco vacío y que, por tanto, necesito echarme al estómago algo más
sólido. Volver a Ponts implicaría tener que subir de nuevo el repechón, por lo
que la opción queda descartada, así que me resigno a seguir pedaleando muy
despacio hasta el siguiente municipio con servicios, Oliana.
Como por arte de magia, tras otra subidita, veo lo que
parece un restaurante de carretera en un pequeño promontorio. Google Maps no me
había advertido de su presencia en la búsqueda previa, pero la realidad es que
está allí, que está abierto, que tienen el aire acondicionado a tope y que me
preparan en un santiamén un bocadillo de beicon, queso y huevo que devoro con
sumo placer mientras degusto igualmente una Coca Cola con hielos. De repente,
me siento afortunado, y más cuando veo que cinco minutos más tarde, entra una
pareja, pregunta por la posibilidad de comer y le dicen que acaban de cerrar la
cocina… Dios aprieta, pero no ahoga.
| Presa de Oliana (Lleida) |
| Carretera rocosa, camino de Coll de Nargó |
Con el hambre saciada y la habitación de Coll de Nargó
reservada, me tomo el resto de la jornada con enorme tranquilidad. Hay que
lidiar con constantes toboganes, algunos muy pronunciados, y con un tráfico
asqueroso (un saludo a los camioneros que deciden no rebajar su velocidad para
no perder inercia…), pero logro centrarme en el pedaleo y hasta saco tiempo
para parar en una gasolinera de Oliana para darle un manguerazo a la bici.
Además, en el tramo final, para esquivar los túneles, las señales obligan a los
ciclistas a rodar por tramos paralelos asfaltados sin tráfico alguno, detalle
que me sirve para ir ya disfrutando de un paisaje en el que empieza a despuntar
el próximo reto: los Pirineos. Pero eso será mañana, que ya estoy en Coll de
Nargó y lo que toca es despachar la rutina post-etapa, ducharse, cenar y dormir
como un lirón. ¡Vaaaaamoooos!
| El embalse de Oliana, con los Pirineos ya asomando por el fondo |
(Radio Futura – Escuela de calor)
ALGUNOS DATOS
- Distancia: 176,90 km.
- Desnivel acumulado: 1.799 m.
- Velocidad media: 20,1 km/h
- Velocidad máxima: 66,7 km/h
- Tiempo total de pedaleo: 8h 48' 00"
- Hora de salida: 06:19
- Hora de llegada: 17:44
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