Montañas Vacías (Día 2): Griegos - Zaorejas

"El hombre libremente puede elegir su camino, pero no puede alterar a voluntad la luz bajo la cual camina". MIGUEL DELIBES – El camino (1950)

He visto tantos vídeos de Montañas Vacías que ya sé, más o menos, cuáles son los puntos fuertes de cada jornada. Por ello, hoy me levanto expectante, consciente de que toca pedalear junto al espectacular río Tajo y, sobre todo, superar ese muro de algo más de tres kilómetros que brota, casi inesperadamente, tras la localidad de Chequiiiiiiillaaaaaa.

"¡Chiquiiiilllaaa!

Por la mañana, yo me levanto
y voy corriendo desde mi cama
para poder ver a esa chiquilla
por mi ventana."

El día arranca con una tranquilo y atractivo tramo de pista entre Griegos y Guadalaviar. Pese a haber pernoctado en un albergue y haber compartido habitación con cuatro moteros (y sus respectivas botas...), he dormido bastante bien y supero estos primeros kilómetros con alegría. Además, a estas horas, Lorenzo aún no ha sacado el mazo y se pedalea tan ricamente con manguitos y chaleco.

Un bonito amanecer. Otro más

"Porque yo llevo to' el día sufriendo
ya que la quiero con toda el alma
y la persigo en mis pensamientos
de madrugada".

Agradable tramo de pista entre Griegos y Guadalaviar (Teruel)

Tras dejar atrás Guadalaviar, localidad que permanece en la más absoluta calma cuando transito por sus calles, y despachar una suave subida por asfalto, me interno en un mar de pinares y voy enlazando caminos hasta alcanzar el nacimiento del río Tajo. El monumento que enmarca este punto es tan bestia que casi hacer pasar desapercibido ese regato de agua que, con el tiempo, se convertirá en el río más largo de la Península Ibérica.

AutoPista entre pinos

Brutalismo español en el nacimiento del Tajo

Echadas las pertinentes fotos en un lugar que, a mi paso, destila una agradable soledad, tramito otro sector carretero y me adentro en un ya largo sector de pistas que, tras culebrear junto al Tajo e ir ganando altura progresivamente, me terminarán dejando a las puertas de Checa. En este tramo, se cumple otra predicción que había visto en un vídeo, la de que la temperatura baja drásticamente cuando te sitúas a orillas del río. En mi caso, el Garmin llegó a marcar una mínima de 5 grados… Temperaturas al margen, todo este sector resulta visualmente maravilloso.

Por aquí, hace fresquete hasta en verano

"Tengo una cosa que me arde dentro
Que no me deja pensar en nada
Ay, que no sea de esa chiquilla
Y de su mirada".

A orillas de un creciente Tajo

Ganando altura...

...para contemplar estas preciosas vistas

Tras la pertinente parada en Checa, donde aprovecho para almorzar un café y una tostada de jamón (ya empiezo a saltarme la dieta sin gluten, algo que traerá consecuencias en el futuro…), retomo el asfalto y me acerco hasta Chequiiiiiiillaaaaaaa. Vale, ya paro, pero es que no lo puedo evitar.

Iglesia de San Juan Bautista. Checa (Guadalajara)

Alcanzar esa localidad, que como la anterior ya pertenece a la provincia de Guadalajara, implica transitar por una zona curiosísima, en la que el paso del tiempo y la erosión han salpicado el entorno de llamativas formaciones rocosas que, incluso, llegan a entrelazarse con las edificaciones del pueblo. Un paisaje singular y bello, muestra del increíble patrimonio natural que tenemos en mi querida Castilla.

Rocas talladas por el paso del tiempo

"Y yo la miro
Y ella no me dice nada

Pero sus dos ojos negros
Se me clavan como espadas
Pero sus dos ojos negros
Se me clavan como espadas

¡Ay, chiquilla!"

Adaptación al entorno. Chequilla (Guadalajara)

Al salir de Chequilla, toca sufrir. Y es que, tras una primera bajada, se inicia una subida de algo más de tres kilómetros en la que hay dos zonas de rampones muy serios. La primera es corta y se supera de una manera decente, pero la segunda implica mucha paciencia y sudor. Con la bici cargada, apuesto por trazar las clásicas eses y voy ganando metros a ritmo de tortuga. Me cuido de no exigir más de la cuenta a corazón y piernas y, así, a paso lento, acabó coronando con buenas sensaciones. Por cierto, veo que a este ascenso se conoce con el llamativo nombre de Torcas de Juan Ranas.

Al fondo, rampón

Para compensar el esfuerzo, el track ofrece después una larga bajada hasta más allá de Peralejos de las Truchas, una localidad en la que tras realizar un intento en la tienda (poca oferta) y en el bar (cerrado) logró que me hagan un bocadillo para llevar en la cantina del Camping La Serradora. Al chico le pillo un poco de improviso, pero se las arregla para prepararme un bocata de tortilla de queso. ¡Mil gracias!

Cediendo el paso al rebaño

"Ese silencio que me desvive
me dice cosas que son tan claras
que yo no puedo, no puedo, no puedo
dejar de mirarla".

Una preciosa carretera en el entorno de Peralejos de las Truchas (Guadalajara)

Si me cuido de comprar comida es porque desde aquí hasta Zaorejas, punto final de la etapa, será muy difícil avituallar. Fuentes sí que encontraremos una -pasado el cruce que lleva a Poveda de la Sierra-, pero el único bar que hay por el camino tiene un horario poco serio y, por lo visto y he leído, no ofrece el mejor trato posible a los viajeros (aunque esto, claro, siempre habría que comprobarlo en persona).

El Alto Tajo, un lugar para perderse

Todo este sector, que se realiza mayoritariamente por pistas, presenta una tendencia favorable, pero cuidado, no nos dejemos engañar, por el camino hay pequeños repechos y una zona técnica en la que habrá que patear, justo después de cruzar un llamativo puente colgante que también suele aparecer en todos los vídeos y fotos de quienes han realizado la ruta.

¡Pero qué bonito es todo esto!

"Y yo le tengo que decir pronto
que estoy loquito de amor por ella
y que sus ojos llevan el fuego
de alguna estrella."

El puente colgante sobre el Tajo, un paso icónico de Montañas Vacías

Del recorrido citado, conozco la segunda parte, ya que ciclé por ella, aunque en sentido contrario, en la tercera etapa de Por el camino más largo. Por ello, ya sé que si Lorenzo aprieta, como es el caso, el calor será otro factor a tener muy en cuenta. Y es que, pese a pedalear junto al río y en mayoritaria sombra, por motivos que desconozco, la sensación de sofoco suele dispararse de forma considerable entre las paredes del cañón por el que discurre el Tajo.

Puente de Peñalén, visto desde las alturas

Visualmente, el trayecto es una pasada. Sí, quizá podría decirse que es algo repetitivo, pero no conviene olvidar que son nada menos 40 los kilómetros en los que iremos acompañando al río en su camino hacia el todavía lejanísimo océano Atlántico.

Una pista salpicada de lugares con encanto

"Que las palabras se quedan cortas
para decir todo lo que siento,
pues mi chiquilla es lo más bonito
del firmamento."

El Tajo, en todo su verdor. Espectacular

Finiquitado este larguísimo tramo, encaro la última subida del día, un puertecillo de unos siete kilómetros hasta Zaorejas. El ascenso no alberga grandes desniveles, pero sí es muy constante, detalle que, sumado al achicharrante calor que hace, me obliga a penar más de la cuenta. Eso sí, por aquí, descubro que, agarrándome a la parte baja del manillar, me puedo poner de pie sin que la bolsa del sillín se zarandee demasiado. Y así, aplicando algunas dosis de lo que llamaremos Landismo, voy descontado metros poquito a poco hasta alcanzar un hotel Peñarrubia en el que, después de apagar el GPS, no dudo en desplomarme en su terraza, quitarme casco y zapatillas y tomarme una Coca-Cola bien cargada de hielos. Segunda etapa, completada. Esto marcha.

La última y sofocante subida del día

"Y yo la miro
y ella no me dice nada

Pero sus dos ojos negros
se me clavan como espadas,
pero sus dos ojos negros
se me clavan como espadas

Y yo la quiero
como el Sol a la mañana

Como los rayos de luz
a mi ventana yo la quiero.
Como los rayos de luz
a mi ventana, ¡ay, chiquilla!"

(Seguridad Social – Chiquilla)

ALGUNOS DATOS

- Distancia: 132,29 km.

- Desnivel acumulado: 2.102 m.

- Velocidad media: 17,9 km/h

- Velocidad máxima: 64 km/h

- Tiempo total de pedaleo: 7h 22' 14"

- Hora de salida: 07:09  

- Hora de llegada: 15:49

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