Entre Madrid y Toledo: el primer 200 de 2026
"Que para eso nos manda el universo las señales, para que
hagamos con ellas lo que nos convenga". JUAN GÓMEZ-JURADO - Reina roja (2018)
Este año, el invierno ha entrado con fuerza. Y aunque es una estación que me gusta (no tanto como mi queridísimo otoño), la realidad es que, si se aplica con rigor, limita más de la cuenta las actividades al aire libre. Por eso, y porque uno también tiene otro tipo de compromisos que estaban complicando notablemente la posibilidad de realizar una escapada de más de un día, decidí que el sábado 10 de enero podía ser una buena jornada para, al menos, disfrutar de una larga jornada de pedaleo.
Teniendo un poco en cuenta las previsiones de temperatura y
viento, me decanté por poner rumbo al sur de Madrid (y norte de Toledo), a una
zona que ya conozco de otras rutas, pero que aún guarda rincones por descubrir.
Y el resultado me dejó mucho más que satisfecho.
| Un clásico de estas aventuras, el Parque Lineal del Manzanares |
Tras madrugar lo justo y necesario y pillar esa hora en
la que ya hay algo de luz y las temperaturas comienzan su tímida remontada
diaria, despacho cuanto antes el trámite de Madrid Río y el Parque Lineal del Manzanares y, en un abrir y cerrar ojos, me interno por esos caminos que colindan
con las vías del AVE y que llevan como unos siete siglos en obras. Aunque no
son ni las 9, la actividad por aquí es ya frenética, y en un tramo de tres kilómetros me cruzo con no menos de 10 camiones. Eso sí, todos ellos aminoran
notablemente la marcha al toparse conmigo y respetan sin problema alguno la
distancia de seguridad. No parece tan difícil…
Consciente de que este tramo va a ser el más feo y
desagradable del día, sintonizo un clásico en la emisora, aprieto el paso, esquivo
charcos, dejo atrás el vergonzante tramo de la Cañada Real Galiana en el que
malviven cientos de personas y enfilo un camino tirando a rectilíneo que me
dejará en las cercanías de Rivas-Vaciamadrid. El objetivo es casi tocar esta
población para girar después 180 grados y disfrutar de una zona muy
interesante, la de los cortados de Rivas.
| Llegando a los cortados de Rivas. Empieza lo bueno |
De repente, el camino deja atrás su fase anodina y se encajona entre el Jarama y unas singulares formaciones rocosas que invitan a levantar la mirada y el ánimo. Al poco, tras sortear una finca, la pista de tamaño medio desemboca en un sendero que se corta de forma abrupta ante los restos de un antiguo desprendimiento. No hay problema. Se trata de una zona tan transitada que ya se abierto un paso entre las rocas que, aunque requiere cargar con la bici, tampoco entraña mayores dificultades.
| El río Jarama, desde el "mirador" del derrumbamiento |
Tendré la espalda mojada y la espera.
Tú serás mi refugio.
Qué larga y triste que es esta quimera"
| Al fondo, la Presa del Rey |
Justo en lo alto de este curioso lugar, me detengo a hacer la pertinente foto y me quito una chaqueta de invierno que ya no volveré a utilizar en todo el día. Con el sol brillando y el aire aún en calma se está milmillonesdebillonesdetrillonesdeinfinitoalcuadrado que en verano con calor sofocante.
| Cortados de Rivas. Un paisaje que de no estar en Madrid seguro que sería más valorado... |
| Un tramo bien bonito y placentero |
Superado este tramo de escalabike, el camino recupera la compostura y acaba por convertirse en una pequeña carreterita asfaltada que abandonaré justo antes de que desemboque en la M-301. Para llegar a San Martín de la Vega, podría haber optado por recorrer un exiguo tramo del archiconocido carril bici que transita por la citada vía, pero como tendré que volver por él a la vuelta, opto por enlazar caminos y presentarme en la citada localidad con suma tranquilidad. Asimismo, para no repetir trayecto cuando toque regresar, avanzo hasta las cercanías de Ciempozuelos por un camino que va casi en paralelo a la M-307.
Justo al terminar este tramo, toco tímidamente asfalto. Es
apenas un kilómetro, suficiente para comprender la complicada convivencia entre
vehículos a motor y las múltiples grupetas que pululan por la zona. Por
fortuna, después de unos instantes de caos y adelantamientos, giro a la derecha
y tomo un solitario y placentero camino junto al canal del Jarama. Dios bendiga
al gravel.
| Sin coches, sin grupetas, sin prisas... Canal del Jarama |
Relajado e impulsado por un creciente viento de cola, avanzo
hasta las inmediaciones de Aranjuez, donde aún tocará superar otro breve e
intenso tramo de carretera. Esto sigue siendo Madrid y por mucho que te empeñes
en salir del asfalto, hay zonas que no se pueden evitar, sobre todo, cuando se
trata de cruzar un río tan imponente como el Tajo.
Este sector, más la breve travesía por El Real Cortijo de San Isidro, donde aprovecho para echar un café con leche al sol, serán los últimos tramos asfaltados hasta Ocaña. Por aquí, me decanto por seguir, aunque en sentido contrario, una pequeña parte del track de Tour de Hierro, una prueba/ruta que recorre diversas zonas de Castilla-La Mancha y Madrid siguiendo, en cierta medida, las huellas de El Quijote.
| El Real Cortijo de San Isidro, otro rincón coqueto de la Comunidad de Madrid |
Tras pasar junto a las curiosas ruinas de un castillo de Oreja que despunta en lo alto de un cerro, emprendo la primera gran subida del
día. Hasta ahora, el terreno ha sido más bien favorable, por lo que el arranque
del ascenso, con desnivel pronunciado y escalones rocosos, se hace durillo.
Afortunadamente, el camino mejora poco a poco y, aunque todavía resta alguna
rampa intensa, sigo avanzando sin grandes complicaciones. De hecho, hasta
agradezco el cambio de tercio.
| El castillo de Oreja despuntando en el horizonte |
"Y si me alcanza el acero.
| Cambio de tercio, rumbo a Ocaña |
Superado un pequeño descanso, el camino vuelve a empinarse por momentos hasta finalmente alcanzar la meseta en la que está enclavada Ocaña, una interesante localidad toledana en la que destaca su coqueta y bien conservada plaza porticada.
| Pues ya estamos en Ocaña (Toledo)... |
| Una plaza bien chula y mejor conservada |
Desde Ocaña, y con la intención de estirar la ruta, me
acerco hasta Dosbarrios, pueblo en el que emprenderé el camino de vuelta a
Madrid. Este tramo, de unos 11 kilómetros, pasa volando gracias a un imponente
viento a favor que me empuja con fuerza por la llanura y que me invita a realizar dos reflexiones: el ciclismo con viento de cola es un deporte distinto y 'disfuta lo que puedas, que ya vendrá el tío Eolo
con las rebajas'.
| Homenaje a las aguadoras. Dosbarrios (Toledo) |
"Espérame... La vida fue muy dura allí.
| Viento de cara, camino de Noblejas (Toledo) |
Y sí, tras cambiar el rumbo de sur a casi norte, me topo de frente con el muro invisible. Afortunadamente, y contra todo pronóstico, acepto la cruda realidad, busco un poquito de cadencia, otro tanto de paciencia y, con mucha más sencillez de lo esperado, me presento en Noblejas. Allí, sentado en las escaleras de la iglesia de Santiago Apóstol, con el sol de frente y el viento frenado por los muros del templo, degusto el bocadillo que portaba en la bolsa delantera y me tomo un breve respiro que me sienta de lujo.
| Iglesia de Santiago Apostol. Noblejas |
Al salir de Noblejas, toca descender de la meseta hasta el valle que configura el Tajo. Lo hago por una carretera con claros síntomas de abandono que, como cabía esperar, termina por desaparecer justo al llegar a la ribera del río. El paisaje ha vuelto a cambiar de repente y en mi interior va creciendo la sensación de que el recorrido me está resultando mucho más atractivo de lo que esperaba. De hecho, le saco tanto jugo visual a la posterior subida del modesto alto de La Presa que alcanzo la cima sin apenas sufrir -y sin haber hecho ninguna foto en condiciones...-.
| Un nuevo cambio de paisaje a la salida de Noblejas |
| El alto de La Presa un pequeño, amable y bonito puerto |
En Colmenar de Oreja, otro de esos pueblecitos de Madrid que
bien merecen una visita, sucumbo a la tentación de tomarme un segundo café con
leche en una terraza de su bonita plaza. Ese ratito, con el sol de invierno apretando
lo justo y las piernas estiradas, justifica cualquier kilometrada.
| Un lugar perfecto para tomar un café. Colmenar de Oreja (Madrid) |
Saboreada la penúltima parada del día, encaro un tramo de apenas de seis kilómetros hasta Chinchón. El camino, que ya había rodado, aunque en sentido contrario, en Rumbo al este, se convierte en un examen mental. Eolo atiza con fuerza, mucha, y me invita a pensar aquello de “pues anda que no te queda para llegar a casa”. Pero no, hoy no, hoy esa batalla la llevo ganada desde el minuto 0. Tengo el sobresaliente garantizado y ojo no vaya a ser que alcancemos la matrícula de honor.
Como ya he pasado varias veces por Chinchón y, reconozco, me horroriza un poco ver su espectacular plaza llena de coches, terrazas y demás incordios, echo una foto rápida y sigo pedaleando rumbo Titulcia. Lo hago además sabiendo que, tras un breve ascenso de un kilómetro, llegará un rápida bajada por el camino de San Galindo hasta las inmediaciones del río Tajuña
| La abarrotada plaza de Chinchón... |
| Amplias y bonitas vistas al salir de Chinchón |
Degustado el descenso, lo que viene es un nuevo, vistoso y agradable tramo que se deja recorrer con buena velocidad y que, además, permite descubrir la laguna de San Juan, otro de esos muchos rincones con encanto que esconde la denostada comunidad de Madrid.
| La laguna de San Juan, un paraje más que interesante |
"Voy cruzando el río, sabes que te quiero.
| Pista gustosa, camino de Titulcia |
Pasar por Titulcia es, para mí, sinónimo de atravesar su precioso puente de hierro y tirar una foto al atardecer, que es cuando me he “acostumbrado” a cruzarlo. Y sí, para que nos vamos a engañar, salir de Titulcia es también sinónimo de transitar por un tramo de carretera que siempre va bien cargadito de coches con prisa… Afortunadamente, el tránsito por la M-404 se reduce a poco más de un kilómetro y antes de que se haga necesario soltar cualquier improperio, giro a derechas y me sitúo de nuevo a orillas del canal del Jarama, justo al otro lado de la pista que tomé esta mañana. Insisto, Dios bendiga al gravel.
| Tercera vez que hago esta foto... |
| Una obra de ingeniería digna de ser conservada |
De camino a San Martín de la Vega, el estómago me pide
azúcar y, aunque llevo barritas y geles, sucumbo a la tentación y paro en un
pequeño local a comprarme un par de donuts. Sé que no debería, por aquello del
gluten, pero un día es un día… Y como llevaba aaaaaaaaños sin comer unos, pues,
en fin, que casi echo hasta una lágrima.
Con el depósito lleno y la glucosa corriendo por mis venas, me incorporo al carril bici de la M-307 y encaro la tendida subida a La Marañosa. A diferencia de lo que aprecié esta mañana, a estas horas de la tarde y con la noche ya empezando a caer, no asoma ni un alma, por lo que asciendo tan solitaria y ricamente. Lo hago, además, con las piernas aún ligeras, listas para enfrentarse después a la pestosidad que siempre supone el tramo desde el arroyo Culebro hasta Perales del Río.
| Atardece en la solitaria Marañosa |
| Y al fondo, Madrid. Vamos, que esto ya casi está |
Y así, con las luces ya encendidas y la temperatura en claro
descenso, aprieto un poco el paso, cruzo el Parque Lineal del Manzanares y
encaro la recta final de la ruta por un Madrid Río que, a estas horas, es como
una ciudad sin ley. Cada uno va por donde le da la gana y el que venga detrás
que arree. Da igual, yo a lo mío, a llegar a casa sin contratiempo alguno y a
poner el punto y final a un día espectacular, de matrícula de honor. El GPS marca casi 206 kilómetros,
pero las piernas dan la sensación de llevar la mitad (el culo es ya otra cosa,
ejem). Ni tan mal. No sé que pasará en The Capitals, pero de momento voy
cumpliendo con el objetivo de disfrutar a tope con cada pequeño paso que voy
dando.
| Otra foto clásica para poner colofón a un gran día |
"Voy cruzando el río, sabes que te quiero.
ALGUNOS DATOS
- Distancia: 205,87 km.
- Desnivel acumulado: 1.580 m.
- Velocidad media: 21,6 km/h
- Velocidad máxima: 53,5 km/h
- Tiempo total de pedaleo: 9h 31' 20"
- Hora de salida: 08:13
- Hora de llegada: No recuerdo ya...pero no muy tarde ;)
206 kms y las piernas frescas... Lo dicho, va a quedar contigo Rita la cantaora.
ResponderEliminarY, efectivamente, Dios maldiga 'la que no puede ser nombrada'!!! 😜
Pero es por el ritmo tipo 🐢que llevo... Además, no te vas a librar ni de la Muralla China ni de la Bola, como mínimo 😜
EliminarEl gran Solans hijo una vez comentó que (el Zaragoza) se jugaba las habichuelas en la liga y que no quería ni oír hablar de UEFAS (ahora Europa Leagues). O sea, que los retos están bien pero lo importante son las jornadas como esta; el día a día. Un saludo y que sigas disfrutando la preparación.
ResponderEliminarAsí es. Quiero llegar a la salida con la sensación de que, pase lo que pase, el objetivo está cumplido. De momento, estoy disfrutando mucho. ¡Gracias por el comentario!
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