My capitals (Día 1): Segovia - Burgos

"La suerte es el menos fiable y constante de los aliados". LORENZO SILVA – Las fuerzas contrarias (2025)

Parece una escena surrealista, pero un momento dado de la ruta que detallaré a continuación, tuve que saltar desde las escaleras de un tractor para recoger una bici que amenazaba con hundirse en el lecho de un arroyo desbocado… Venga, ahora que he tirado el cebo, toca aguantar un poco de turra para llegar hasta ese punto álgido de una (otra) jornada para el recuerdo.

Todo comienza pocos minutos después de las 8 del viernes 20 de marzo. Al igual que semanas atrás, el Acueducto vuelve a ser testigo del inicio de una ambiciosa aventura ciclista con la que pretendo unir dos capitales castellanas: Segovia y Burgos. La idea es ir y volver por dos trazados distintos y completar así un recorrido de más de 420 kilómetros de distancia en un plazo de dos días.

A los pies del Acueducto, un clásico segoviano

A diferencia de lo ocurrido en el 200 muy segoviano, hoy sí me animo a realizar el primer tramo por caminos. Aunque todavía quedan zonas de barro y charcos por esquivar, la elección resulta acertada, ya que puedo avanzar con cierta fluidez sin tener que rozar la pestosa N-110.

Mil veces mejor que la N-110, dónde va a parar

En Brieva, toco asfalto tímidamente y me dejo caer hasta Adrada de Pirón. Desde allí, parte un camino en sube y baja que me llevará hasta otro pueblo bañado por el mismo río, Peñarrubias de Pirón. Acto seguido, remonto el valle hasta Otones de Benjumea (¡gran nombre para pueblo!) y comienzo a enlazar caminos y pequeños tramos de asfalto por una zona de clara meseta en la que se alternan campos de cultivo, explotaciones ganaderas con su, digamos, peculiar olor ("Huele a dinero", que diría mi buen amigo Leandro), exiguos pinares y algunos pueblos que, como Turégano, Veganzones y Cantalejo, bien merecen una pequeña parada.

Caminos con encanto

Campos de Castilla

Plaza de España y castillo de Turégano (Segovia). Sobran coches por todos los lados

Iglesia de Veganzones (Segovia)

De camino a Sebúlcor, aprovecho unos pocos kilómetros de asfalto para disipar esos fantasmas que siempre aparecen cuando me embarco en una aventura de este tipo y, de paso, sintonizar la emisora mental. Hoy, la banda sonora "nace" desde esa parte del cuerpo donde a mí particularmente siempre se me acumulan los nervios…

"Vomitaré en tu cara esta canción".

El tarareo no será lo único que anime este sector de la ruta. Y es que, tras abandonar Sebúlcor, me interno por una bonita pista que poco a poco se va acercando a las Hoces del Duratón.  Para no desviarme demasiado, había trazado el track en dirección a un mirador, digamos, no marcado, pero la zona está en regeneración y no se puede pasar. Afortunadamente, unos metros más adelante, surge otra senda que, en un abrir y cerrar de ojos, se asoma al impresionante cañón que dibuja el citado Duratón. Los 5 minutos que pasé allí contemplando el paisaje y disfrutando del imponente vuelo de los buitres leonados en absoluta soledad y paz compensan cualquier kilometrada de este tipo.

Un mirador mágico. Hoces del Duratón (Segovia)

El impresionante vuelo de los buitres leonados

Embriagado por este ratito tan mágico, desciendo con cuidado hasta Burgomillodo, un pueblo condicionado por las mastodónticas instalaciones de una empresa de áridos que, imagino, fomentará empleo y riqueza en la zona, pero que, evidentemente, afea el paisaje hasta límites insospechados.

La parte bonita. Presa de Burgomillodo (Segovia)

"La hora cientocero
y yo pretendo no entrar el primero,
que no me gusta jugar a tu juego".

Con ganas de café y tortilla, despacho con la mayor celeridad posible los cuatro kilómetros que me separan de Carrascal del Río y, allí, en una tranquila terraza, me tomó el primer y reparador respiro.  El descanso resulta oportuno, ya que después arranca un tramo de cerca de 20 kilómetros en clarísimo ascenso.

Para empezar, toca trepar hasta Castrojimeno. La pista se inicia con un repechón al 14 por ciento (o más)  y después sigue ascendiendo a base de escalones. Esta subida sirve para comprobar que mi nueva compañera de viaje (una Rose Backroad) me va a facilitar mucho el trabajo. Su menor peso y su mayor amplitud de desarrollos resulta crucial para alcanzar la citada localidad sin sufrir más de la cuenta. (Quizá haga una entrada hablando de ella en el futuro, quizá…).

¿14 por ciento? Yo diría que más

"La puta cocaína
que mueve al mundo, a la gente domina
y los enciende como gasolina".

Un pueblito con encanto. Castrojimeno (Segovia)

Tras echar una foto en esta coqueta localidad, sigo ganando altitud hasta alcanzar el Alto de la Serrezuela. El trayecto depara algo de asfalto y mucha tierra y, quizá por ello, me resulta mucho más ameno y llevadero de lo que cabía esperar.

Lo que me gustan a mí los frontones. Castrojimeno (Segovia)

Caminos entre pinares en la subida al Alto de la Serrezuela

Superado este puerto, toca disfrutar de una gozosa bajada que, alternando carretera y pista, me dejará algo más allá de Aldehorno, justo donde confluyen las provincias de Segovia y Burgos. Esto avanza.

El Alto de la Serrezuela, el puerto del día

"Tus ojos se dilatan,
me dicen que esta noche has metido la pata,
me dicen que te estás quedando conmigo
y sé perfectamente
que esto no ha hecho más que empezar"

Aldehorno, último pueblo segoviano

A partir de aquí, el terreno y las condiciones van a experimentar un cambio radical. Hasta la capital burgalesa, no habrá ya subidas ni excesivamente largas ni muy duras, pero sí un sinfín de toboganes. Además, tocará lidiar con un viento que ha ido creciendo en intensidad y que ya me empieza a dejar claro que soplará casi siempre de costado o de cara…

Cambio de tercio y de provincia

Hasta Aranda de Duero, ruedo por una carretera algo monótona en la que trato de no castigarme pensando en lo que todavía queda por delante. Lo logro a medias, ya que tras dejar atrás la bulliciosa localidad, me siento a la sombra de un nogal a comer un bocadillo y comienzo a ser presa de un sopor preocupante. No es cansancio, es una molesta sensación de somnolencia que, lejos de desaparecer con la parada del avituallamiento, se va acrecentando a medida que pedaleo por caminos tirando a rectilíneos y sin grandes alicientes más allá del verdor que destilan los campos y del paso por algún pequeño pueblo.
Iglesia de Santa María la Real. Aranda de Duero (Burgos)

"Y te disparas,
masticas la canción, cambia tu cara,
sube la presión por tu garganta
y sé perfectamente
que esto no ha hecho más que empezar".

La monotonía que precede al remojón...

De camino a Villalbilla de Gumiel, recuerdo que hay que vadear el río Gromejón y comienzo a salir del letargo. Con la lluvias de las últimas semanas y mi innata capacidad para dibujar tracks por zonas inundables, ya intuyo que tocará, como mínimo, mojarse los pies… Ja. Ja. Ja.

Largas rectas de tierra antes del vadeo

Efectivamente, el  Gromenauer  (así me sonaba en la mente) baja bravo y con agua suficiente para cubrirme hasta las rodillas. Consulto el mapa, y ante la falta de alternativas evidentes en muchos kilómetros de distancia, tomó la decisión de cruzarlo caminando, ya que aquí el paso es de tierra y no hay riesgo de resbalón… como en aquel inolvidable vadeo del río Jalón

"El tiempo del talento
se pasa rápido como hace el viento,
y tú, muchacho, ya lo estás perdiendo".

Justo antes de quitarme zapatillas y demás, me alcanza un tractor que se dispone a cruzar por allí. El conductor confirma mis sospechas de que no hay escapatoria cercana y me ofrece la posibilidad de subirme a las escaleras de acceso a la cabina y cargar la bici en una pequeña cuba que lleva atrás. La idea no termina de convencerme, pero ante su insistencia, accedo. A mitad de camino, un inoportuno bache en mitad del vado, ladea la cuba y la bici empieza a deslizarse. Ipso facto, salto de las escaleras y rescato la bici apenas un segundo después de que haya caído sobre el agua…

Lo que viene después son las reiteradas disculpas de un azorado tractorista al que, en buena lógica, no le reprocho absolutamente nada y una rápida evaluación de daños. Afortunadamente, más allá del remojón, ni el GPS ni la transmisión han quedado dañados por el baño. Y en las bolsas, aunque se ha colado algo de humedad, todo parece seco gracias a la, creo, acertada decisión de meter lo que va en ellas en bolsas de plástico con cierre tipo zip.

"Cruce de miradas,
con sólo un gesto sobran las palabras
y otra noche vuelve a las andadas".

Con las piernas caladas hasta las rodillas, retomo la marcha. La adrenalina del singular momento vivido ha borrado de golpe la modorra que traía y, en los siguientes kilómetros, pedaleo con soltura y ganas, en busca de un pueblo en el que tomar un café que ayude a mantener alto el nivel de atención.

Caminos similares, pero con los pies calados

La parada tiene lugar en Pinilla Trasmonte, un pueblo en el que me sorprende la espléndida portada de estilo plateresco de su iglesia y en el que tengo tiempo para airear zapatillas y calcetines y constatar que el culote largo ya esta casi seco. Sopla un viento constante, pero no hace ni gota de frío, así que me tranquilizó al pensar que pedalear con los pies mojados no representará mayor problema.

Iglesia Nuestra Señora de la Asunción. Pinilla Trasmonte (Burgos)

"Tus ojos se dilatan,
me dicen que esta noche has metido la pata,
me dicen que te estás quedando conmigo,
sé perfectamente
que esto no ha hecho más que empezar."

De nuevo sobre la bici,  y con todavía 60 kilómetros por delante, me marco como objetivo el de llegar con la mayor luz posible al tramo de N-234 que debo transitar antes de alcanzar la vía verde que me dejará a las puertas de Burgos. Aunque el terreno es un constante sube y baja y circulo mayoritariamente por caminos y pistas,  logro avanzar a  buen ritmo, así que, tras dejar atrás las localidades de Cilleruelo de Arriba -con su llamativo fósil de un caracol gigante-, Solarana, Castrillo Solarana, Quintanilla del Agua y sus murales y Torrecilla del Monte, me decido a detenerme un instante en Madrigal del Monte para comprar un Aquarius y comer el otro bocadillo que traía preparado.

Fósil de caracol gigante. Cilleruelo de Arriba (Burgos)

Llegando a Castrillo Solarana (Burgos)

"Y te disparas,
masticas la canción, cambia tu cara,
sube la presión por tu garganta,
sé perfectamente...".

Bonito mural. La fuente, ejem, un pegote. Quintanilla del Agua (Burgos)

Últimos repechos de la jornada

Tras este último parón de la jornada, supero una zona de ascenso leve y alcanzo una nacional que no supone mayor problema. Hay tráfico, pero como aún queda luz suficiente y el trazado pica hacia abajo, tramito el asunto con cierta celeridad y me planto en la Vía Verde Santander-Metiderráneo. Bien es sabido que no soy un gran amante de estas infraestructuras casi siempre algo monótonas, pero reconozco que fue un auténtico lujo poder alcanzar el corazón de Burgos sin tener que lidiar con tráfico alguno.

Atardece en la Vía Verde Santander-Mediterráneo

Con la emoción a flor de piel, me acerco hasta su grandiosa catedral para echar la pertinente foto y emprender posteriormente el largo tránsito hasta el alojamiento escogido. Emocionalmente, la ruta ya ha concluido, pero a nivel físico aún queda por pedalear casi 15 kilómetros hacia un modesto hotel en las afueras… Afortunadamente, y tras un breve tramo de pateo entre turistas y el clásico sector de direcciones prohibidas que brinda siempre Koomot, un largo carril bici junto al río Vena me permite avanzar con soltura y alcanzar sin mayores problemas el destino final.

La imponente catedral de Burgos. Punto y seguido

"Y ahora que estás en tu esquina tranquilo
esperando a que sea tu abrazo, tu abrigo,
no sé qué sucede, qué pasa contigo,
que estás muy nervioso, que estás encendido."

Llego al Hotel Las Vegas con los pies aún muy mojados y un hambre atroz, pero entre que allí mismo puedo cenar un menú apañado y que en la habitación hay un radiador echando bombas que me garantiza el correcto secado de las zapatillas, logro irme a la cama a una hora bastante prudente y con la sensación de que el reto de My capitals comienza a quedar a mi alcance. 

"Tus ojos se dilatan,
me dicen que esta noche has metido la pata,
me dicen que te estás quedando conmigo,
sé perfectamente
que esto no ha hecho más que empezar."

"Y te disparas,
masticas la canción, cambia tu cara,
sube la presión por tu garganta,
sé perfectamente
que esto no ha hecho más que empezar..."

(Supersubmarina – Cientocero)

ALGUNOS DATOS

- Distancia: 216.06 km.

- Desnivel acumulado: 2.287 m.

- Velocidad media: 19,4 km/h

- Velocidad máxima: 60,6 km/h

- Tiempo total de pedaleo: 12h 46' 25"

- Hora de salida: 08:00  

- Hora de llegada: 20:48

+



Comentarios

  1. Buena ruta, Juan Carlos. Magnífico el paisaje de las Hoces del Duratón y unos caminos castellanos súper atractivos para rodar con la gravel. Y momento picantón con la salvada de la bici ... encima la nueva jejejej, tienes tendencia al modo acuático. Esperando la crónica de la vuelta a Segovia, un abrazo.

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    1. La verdad es que fue una situación complicada. Ahora la recuerdo con una sonrisa, pero por un momento me temí lo peor... 😅

      Las Hoces del Duratón son preciosas, sobre todo si puedes disfrutarlas lejos de los miradores típicos y concurridos.

      Muchas gracias por el comentario, Rubén.

      ¡Un abrazo!

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  2. No hay remojón que 100 años dure 😜

    Grande, Juan Carlos!

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    1. Si no hay río que vadear, no vale la ruta, jajajaja.

      ¡Un abrazo, amigo!

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  3. Hola Juan Carlos; un seguidor más; soy conocido de tu padre y nos conocemos de vista; te admiro cómo gestionas las actividades, cómo las disfrutas y cómo las compartes con todos… enhorabuena

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